Descifrando la Ira...


Todos hemos sentido alguna vez la fuerza avasalladora de la rabia. En más de una ocasión se ha despertado en nosotros el deseo irrefrenable de hacer picadillo al que tenemos enfrente y, tal como dice el funesto refrán, "matar y comer del muerto". Una manera primitiva y carroñera demostrar hasta cuánto somos capaces de odiar hasta dónde llegaamos para cumplir los designios destructivos de la más vigorosa de las emociones primarias. La ira es una bomba atómica en miniatura que nos imprime vigor y fortaleza. 
Aunque estamos acostumbrados a verla como una especie de Sansón torpe y retardado, la ira biológica no es tan irracional ni tan tonta. Más bien se trata de un aliado para los momentos difíciles, sin el cual no podríamos sobrevivir.A la ira no manifestada y almacenada en el pasado, se la conoce como rencor o resentimiento.
Con el transcurso del tiempo, este encono puede convertirse en odio indiscriminado, y la destrucción adaptativa se transforma en aniquilamiento irracional. Ésta es la razón por la cual las personas que albergan resentimiento se vuelven amargadas, marchitas y enfermas. Este holocausto interior suele desbordar sus propios límites y arrasar con todo aspecto positivo, propio y ajeno. El rencor jamás se queda quieto, va socavando cada rincón del alma hasta eliminar todo vestigio de vida y bienestar, hasta convertirse en pura violencia. Uno de mis paciente hombres llegó a separarse de su mujer, pese a quererla mucho, porque fue incapaz de perdonar una descortesía de su suegra ocurrida ocho años antes. Ni los ruegos de sus hijos, ni el perdón solicitado por la señora, fueron capaces de aminorar el orgullo y el rencor de este pobre hombre. En otro caso, una señora que sufría de "iras malas" se metía debajo de la cama a gritar, insultar y maldecir los nombres de cada una de sus adversarias, algunas de ellas ya muertas. Como un televisor defectuoso, las imágenes de viejas rencillas se disparaban solas y el rencor asociado comenzaba a hacer de las suyas. El bloqueo sostenido de la ira desvirtúa su misión y la vuelve tóxica. Las personas que destilan veneno son víctimas de esta descomposición interior causada por una sobre acumulación de iras sin procesar ni resolver.
Los individuos que acumulan demasiada ira, pueden desviada hacia ellos mismos y caer en el auto castigo despiadado: una forma moderna de harakiri. Las modalidades de autodestrucción asumen las más variadas formas, algunas son directas y otras muy sofisticadas e inconscientes. A una de mis pacientes, solamente le gustaban los hombres que la aporreaban, física o psicológicamente. Cuando conocía un "buen tipo", simplemente no sentía química. Reiteradamente me preguntaba: "¿Por qué los hombres que se acercan a mí son todos iguales?" Pero el azar no tenía nada que ver, ella los elegía. Al avanzar en la terapia quedó claro que albergaba un profundo odio contra sí misma, originado en viejas culpas, y que sus "malas elecciones" no eran otra cosa que una manera de castigarse para comprobar lo poco querible que era. En el mundo de las motivaciones psicológicas, nada es evidente. Las personas que restringen su auto gratificación, de un modo u otro, no se quieren a sí mismas. De manera similar, cuando la autoexigencia es alta y la auto evaluación muy estricta, no solamente aporreamos nuestro yo, sino que comenzamos a entrar peligrosamente en los terrenos de la depresión.

Para meditar

No subestimes la ira. Como toda emoción primaria, está ahí porque es necesaria. Ella te ayuda a defenderte y a no darte por vencido. Te induce fuerza y vigor para enfrentar situaciones difíciles y te permite expresar tus sentimientos negativos. No cometas el error de suprimirla. La virtud no está en enterrar la emoción, sino en aprovechada constructivamente. Si pones la ira al servicio de fines nobles, su capacidad destructiva se convertirá en energía creadora. No la utilices para dañar a otros o a ti mismo, sino como el mayor motor motivacional inventado por la naturaleza. La rabia es tu ángel de la guarda, o si prefieres, un guardaespaldas cósmico que te administra valentía. Ni rencor, ni agresión, sino honestidad respetuosa. Decir lo que sientas, aunque  sea negativo, en un contexto de amor y comprensión. Si te notas irritable y de mal genio, tu cuerpo te está hablando, está respondiendo a un mensaje que, consciente o inconscientemente, le has enviado. Es posible que alguna frustración sutil, la presión de no poder resolver un problema o alguna indignación olvidada hayan hecho mella en tu humanidad. La ira es imprescindible, si la matizas con afecto, será menos dolorosa, Y si le imprimes ternura, un chispazo de sabiduría hará eco en tu corazón.

(Walter Riso de su Libro Sabiduría Emocional).

Comentarios

Entradas populares de este blog

Soy un ser especial y único

Yo sigo mi sabiduría interior

El arte de aquietar la mente