La Energía de la Compasión




Ante una persona que sufre surge la compasión. Ya no sientes ira. Está la claro que la comprensión hace surgir la energía de la compasión que tiene siempre la capacidad de sanar. Al cantar a Avalokitesvhara los monjes generan la capacidad de sanar su sufrimiento. Cuando cantan por segunda vez, abarcan con el sufrimiento a izquierda y derecha, haciendo surgir nuevamente la energía de la compasión para sanar. Al cantar por tercera vez se ponen en contacto con el sufrimiento de todo el mundo. Contribuyen a sanar la guerra, la pobreza… El propósito es el mismo: hacer surgir la energía de la compasión para sanar. Se entrenan para que pueda surgir la energía de la plena conciencia y la compasión. Quienes escuchamos también podemos hacer botar en nuestro interior esa energía… Nos permitimos ser tocados por esa energía de la compasión y de la conciencia.

Somos gotas de conciencia en medio de un río, permitimos que el río nos abrace. Si tenemos dolor, permitimos que la energía de la plena compasión nos abrace. Nos sentiremos mejor después de unos minutos de práctica. Si tenemos dolor, abrimos nuestro corazón para que la energía de la compasión nos inunde. Si nos dejamos abrazar por la energía colectiva de la “shanga”, igualmente sufriremos menos. Si conocemos a alguna persona que no ha podido venir, podemos generar esa energía y enviársela a ella, pensando en esa persona. Dejamos que nuestra mente y corazón estén presentes para dejarnos ser llevados por la energía de la compasión.

Todos tenemos la capacidad de la práctica la respiración y el caminar conciente. Podemos practicarla para soltar la tensión de cuerpo y así disfrutar de este cuerpo, disfrutar igualmente del paisaje… Por ejemplo mismamente desde el parking hasta tu oficina, puedes practicar el caminar consciente. Combinas tu inspiración y tu expiración con tus pasos. Puedes decir silenciosamente “Estoy aquí. He llegado…” Llegas en cada paso, en el aquí y el ahora y de esa manera la vida se halla ahí disponible. El pasado ya ha pasado y el futuro no ha llegado. La práctica del respirar y caminar conciente nos trae al instante y nos proporciona las maravillas de la vida. Ésta tiene la capacidad de sanarnos. Cada paso contribuye a soltar la tensión en la mente. Cada uno de ellos puede ser sanador. Cada paso puede nutrir, puede ayudarnos sanar nuestras angustia y nuestros miedos.

No es preciso que busques un tiempo extra para practicar la meditación consciente. Donde quiera que te encuentres, puedes disfrutar de esa forma de caminar. Si vives en una comunidad, caminar de esa forma puede generar una energía colectiva muy poderosa que contribuirá al colectivo a tocar la alegría y la felicidad. Con ese ejercicio restauramos nuestra belleza y frescura. Tenemos tanta densidad, a veces tanta ira que hemos llegado a perder algo de esa parte de frescura. Si caminamos conscientemente es mas fácil restaurar nuestra belleza y frescura.

Hemos de saber cómo sufrir. Abrazando profundamente al sufrimiento dentro de uno mismo con la energía de la plena conciencia, no tenemos miedo de abrazar el sufrimiento. Quienes conocemos la práctica, sufrimos mucho menos. Conocemos el arte del sufrimiento. Ayudamos a la otra persona también a acoger ese sufrimiento. Diremos: “Cariño, sé que sufres. Por eso estoy aquí, por ti. Me encuentro aquí en plena conciencia para abrazar el sufrimiento en ti. Ello ayudará a la otra persona a restaurar la paz y la comunicación. Ello traerá mucha felicidad. Tenemos la simiente de la felicidad en nosotros mismos y no tenemos porqué pensar en irnos a otro país. Con la energía de la compasión no sólo nos beneficiamos nosotros y los seres queridos. También quienes considerábamos nuestros enemigos se pueden beneficiar de nuestra paz y felicidad.

La práctica del amor de verdad trae mucha felicidad. Estar aquí con frescura y felicidad, es también el arte de recuperar nuestra calma. Podemos practica solos, pero si practicamos un grupo de personas, se hará más fácil. Si tienes paz, frescura y presencia tienes algo muy hermoso que ofrecer a la otra persona. Puedes pronunciar el “mantram”: “Cariño, estoy aquí por ti.” El amor es al fin y al cabo ofrecer tu presencia a él o a ella. Esa es la muestra por excelencia del amor: una presencia de calidad, una elemento de frescura y de paz.
(Thich Nhat Hanh).

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