El Templo de Dios en Ti...


Durante miles de años te han dicho que el viaje hacia Dios es un viaje muy largo. El viaje no es largo; Dios no está lejos. Dios está en tu respiración, Dios está en tus latidos, Dios está en tu sangre, en tus huesos, en tu médula; únicamente hace falta dar un solo paso: cerrar los ojos y entrar en ti mismo.
Puede que lleve algún tiempo porque los viejos hábitos son difíciles de erradicar; aunque cierres los ojos, pensamientos te seguirán atosigando. Todos estos pensamientos provienen del exterior, y el sencillo método que han seguido todos los grandes profetas del mundo consiste en contemplar tus pensamientos, ser un mero testigo. No los condenes, no los justifiques, nos los racionalices. Mantente alejado, mantente indiferente, déjalos pasar; desaparecerán.
Y el día en que tu mente esté en completo silencio, sin ningún estorbo, habrás dado el primer paso que te conduce al templo de Dios.
El templo de Dios está hecho de tu propia conciencia. No puedes ir allí con tus amigos, con tus hijos, con tu mujer, con tus padres. 
Cada persona tiene que ir allí sola.

(Osho de su Libro Amor-Libertad-Soledad).

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