¿Te estás identificando con el Ego?


El ego es la ilusión de una personalidad que ha sido proyectada a partir de los recuerdos guardados en la mente y de la interpretación de esos recuerdos. Estamos evolucionando hacía una Consciencia Transpersonal en la que empezamos a comprender que no somos un “yo” separado, sino una parte de un Todo más grande. En ese punto nos empezamos a dar cuenta de que el “Yo Soy” no se refiere a una entidad particular, descubrimos que el “Yo Soy” es el Universo mismo.
Por supuesto, todo esto es un proceso gradual donde todavía tenemos vestigios de la identificación con el ego. A continuación, conocerás algunos comportamientos y maneras de comunicarte que muestran que todavía estás identificado con el ego. La buena noticia es que puedes empezar a cambiarlos ahora mismo para ir haciendo tu transición hacía la Consciencia Universal.
Aclaro que esta no es una lista definitiva ni pretende ser la última, simplemente es un punto de partida para que empieces a observarte y darte cuenta de la forma en que actúa el ego. Tampoco se trata de una serie de “reglas” morales que debes cumplir, son pautas que te ayudarán a ser más auténtico y expresarte sin las pesadas cadenas del condicionamiento.

Uno: Creer que los demás afectan la forma en que te sientes. Esta es una mentira básica del ego. Nadie me hace sentir enojado, triste o decepcionado. Soy responsable de lo que siento. No es lo que hagan los demás, sino lo que pienso acerca de lo que hacen los demás, lo que ocasiona que me sienta de una determinada manera. Eleanor Roosvelt dijo: “Nadie puede herirte sin tu consentimiento”. Así que la próxima vez que te enojes al conversar con alguien, recuerda que eres responsable por esa emoción y no culpes al otro.

Dos: Interpretar el comportamiento de los otros: Al ego le encanta interpretar el por qué una persona se comporta de esta o aquella manera. Según Julia Z. de Baranchuk, “Interpretar significa asegurar que uno conoce las motivaciones del prójimo para hacer o decir lo que hace o dice”. Si alguien no te saluda en la calle o parece estar enojada contigo, no inventes hipótesis acerca de su comportamiento, en vez de eso, preguntale. Tus interpretaciones son proyecciones de ti mismo, en cambio si le preguntas a esa persona cómo se siente, te podrá aclarar sus verdaderas motivaciones para comportarse así. Muchas veces nosotros mismos desconocemos las motivaciones de lo que hacemos ¿Cómo podríamos conocer las motivaciones de otros?

Tres: Reprimir las emociones: Al ego le gusta reprimir sus emociones para sentir que encaja en la sociedad. Para Julia Z. de Baranchuk, reprimir “es realizar algún tipo de maniobra para evitar que una emoción siga su curso completo, que se resuelve en acción”. La represión de las emociones hace que esa energía se dirija contra nosotros mismos generando la enfermedad psicológica como la depresión, o la enfermedad física como la gastritis o el estreñimiento. Permite que la emoción emerja, observala sin juzgarla, haste consciente de ella y podrás notar la gran transformación que ocurre en ti. 

Cuatro: Manipular a otros. Para Julia Z. de Baranchuk, “La manipulación consiste en expresar, sin franqueza, una orden. Una conducta violatoria del otro, por cuanto le impide ejercer su voluntad con libertad, y se ve generalmente entrampado haciendo algo, sin darse cuenta si lo desea o no.” Un ejemplo de esto es decirle a alguien: “Tú que siempre has sido una buena persona y que te gusta ayudar al prójimo ¿podrías ayudarme con este problema?” Aquí hay una manipulación clara en la cual comprometes de antemano al otro, condicionándolo para que de la respuesta que tu deseas. Lo adecuado sería pedirle lo que quieres sin prepararlo para que responda de la manera que esperas.

Cinco: Responder por los demás. Imagina a un padre de familia, que ante la pregunta de un amigo que lo invita a cenar a él y a sus hijos responde: “Nosotros no tenemos hambre”. Este es un comportamiento típico del ego que responde por otros, negandoles la oportunidad de expresar por ellos mismos sus necesidades. No respondas por nadie, permite que las personas bajo tu cargo expresen su propia opinión aunque esta sea igual o contraria a la tuya. Evita comportarte como un dictador.

Seis: Generalizar tus opiniones. Frases como: “Esa película es horrible”, “Los langostinos son desagradables” o “Esa música es lo peor” denotan que estás muy atrapado en tu ego. Es como si creyeras que tu ego es el centro del Universo y por lo tanto, tus opiniones son universales. Cuando hablas de esta manera limitas a otros para que expresen sus opiniones, especialmente si tus interlocutores te miran como una figura de autoridad. Lo adecuado sería decir: “Para mí, esa película es horrible”, “A mí me parece que los langostinos son desagradables” o “Yo creo que, esa música es lo peor”. Cuando te expresas de esta manera reconoces que lo que dices no es una “Ley Universal” sino tu opinión personal. Con esto dejas en libertad al otro de expresar si está o no de acuerdo con lo que dices.

Siete: Los “deberías”. Frases como “Yo debo comportarme bien” o “Tengo que ser un buen padre”, denotan que no eres realmente libre en lo que haces. Si empiezas una frase con “debería” o “tengo que”, estás mostrando que haces lo que haces de manera inconsciente para quedar bien con alguien más (puede ser la sociedad misma o tus padres, aunque hayan muerto). Julia Z. de Baranchuk propone que cambiemos el “Tengo que” por “Elijo”, para sentir si lo que decimos está en real sintonía con nosotros o no. 
Si construyo la oración utilizando los verbos de querer, elegir, etc. ocurre que me es fácil darme cuenta si realmente elijo o quiero lo que estoy afirmando hacer, o nada tienen que ver conmigo. "¿Elijo, quiero hacerlo?”. Respuestas posibles: "Sí, quiero'. En este caso, decírmelo de esta manera, no sólo me ayuda a darme cuenta de lo que quiero, sino que hasta me impulsa a la acción, por el mero hecho de obligarme a ser coherente; "No, no quiero" y me hago responsable de esta acción suspendida. Esto es bastante distinto del fastidioso "tengo que", “No puedo”, “Me es imposible”, “Soy incapaz” los cuales evitan la responsabilidad de la negativa. Por otro lado, "No quiero" me expone a los ojos de mi interlocutor.”

Ocho: El ego siempre pregunta por qué. Cuando nos sucede alguna crisis y preguntamos: “Por qué me ocurre esto a mí”, estamos buscando un culpable. Las respuestas posibles pueden ser: “Por culpa de mi estupidez”, “Es culpa de mis padres que me abandonaron cuando era niño”, “Es culpa del gobierno”, etc. Una forma de salir de la necesidad de juzgar y acusar a alguien o algo es cambiar el “Por qué” por el “Para qué”. En el primer ejemplo podemos preguntar: “¿Para qué me ocurre esto a mí?”, entonces pueden surgir respuestas como: “Para que aprenda a ser más humilde”, “para que valore mejor lo que la vida me ha dado”, etc. Reemplazar el “Por qué” por el “Para qué” es un cambio de paradigma formidable que le dará otro sentido a tu vida.

Nueve: Dar consejos. Al ego le encanta dar consejos, y aunque en nuestra sociedad eso se ve como algo positivo, en realidad es una forma de manipular a otro. Cualquier consejo que des es una intromisión en el libre albedrío de la otra persona. Todo consejo que das es una expresión de tus propias necesidades y condicionamientos, que no necesariamente encajan en la realidad del otro. En vez de dar consejos puedes realizar las preguntas correctas para que la persona llegue a sus propias conclusiones. Si una mujer te cuenta que su marido la golpea, no le aconsejes que lo abandone, eso es una intromisión seria. Más bien podrías hacer preguntas como: “¿Sientes que ese es el trato que mereces?”, si ella responde que no, entonces puedes preguntar: “¿Qué hace que sigas con él?”, “¿Que otras opciones tienes?”. De esta manera le ayudarás a darse cuenta no sólo de la situación, sino que ella empezará a entender qué es lo que le conviene o no, y las diferentes opciones que posee de acuerdo a sus propios recursos.

Diez: Ver el mundo en blanco y negro. El ego ve el mundo en dos colores, o algo es absolutamente malo o absolutamente bueno. Lo errado de esta forma de pensar es que una vez que se emite uno de estos dos juicios sobre alguien o algo, es difícil contemplar otros puntos de vista. Esto sucede mucho en la religión o en la política cuando juzgamos a alguien de acuerdo a nuestro propio condicionamiento. La solución no es ver el mundo en gris ni pensar que todo es relativo. La solución es mirar a las personas y situaciones sin ideas preconcebidas para poder ver toda la gama de matices del arco iris que posee. Así podrás ver que alguien a quien consideras “malo”, puede tener la razón en ciertos momentos y alguien a quien calificas como “bueno”, también puede equivocarse. Esta es una visión más amplia del mundo.

Once: Juzgar a otros. Al ego le encanta juzgar a los demás y usar etiquetas para categorizarlos. Los juicios que hacemos siempre dependen de nuestra propia escala de valores, la cual está contaminada por el ambiente en que crecimos. En vez de juzgar es mejor tratar de comprender los comportamientos de otros de acuerdo a la forma en que fueron condicionados por su crianza. Eso no quiere decir que justifiquemos actos de barbarie y que no alcemos la voz cuando alguien quiere dañar a otros o a nosotros mismos. Comprender al otro nos permite actuar sin juzgar, lo cual abre la puerta a la reconciliación y al perdón cuando sea posible.

Doce: No saber escuchar. Al ego no le gusta escuchar y le encanta opinar. Cuando alguien te busque para que lo escuches, permitele que se exprese libremente. Evita interrumpirlo con tus interpretaciones o con historias sobre como resolviste situaciones similares. Cuando una persona habla libremente no sólo libera la carga emocional sino que, a medida que habla, se va dando cuenta de cosas que antes no había visto claramente. Tampoco termines las frases que empiezan los demás, si alguien te habla acerca de algo que le ocurrió y dice “Me siento...” no saltes como una liebre a decir: “Triste” o “Enojado”, deja que él o ella complete sus propias frases para que pueda poner en palabras sus propias emociones.

(Walter Javier Velásquez Atehortua en su Blog Ser el Ser).


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